Tte. de Navío Jorge Omar Mayol
“Así combatían los héroes, tranquilo el admirable corazón, violenta la espada, resignados a matar o morir”. “Ficciones” Jorge Luis Borges
La Republica Argentina, fue el escenario de una guerra revolucionaria que comenzó a gestarse a partir de 1956, mostró sus primeras evidencias en 1959, se desencadenó en 1970 y alcanzó la máxima intensidad durante los años 1973, 1974 y 1975 (Gobiernos Democráticos del Doctor Cámpora, General Juan D. Perón y María Estela Martínez de Perón).
Durante esa época, las bandas terroristas pretendieron cambiar el modo de vida de los argentinos a sangre y fuego, con saña y sin atenuantes. Primero fue el monte Tucumano y luego las grandes ciudades (Capital Federal, Rosario, Córdoba, La Plata, etc.).
Ante la grave situación Nacional existente - los Poderes del Estado y las Fuerzas de Seguridad y Policiales fueron sobrepasados - como último recurso, el Gobierno Constitucional de aquel entonces, ordenó a las FFAA, aniquilar este flagelo.
Estas - que hasta ese entonces, se encontraban en sus cuarteles a la defensiva y continuaban dolorosamente, contemplando la gran cantidad de secuestros, atentados y asesinatos que realizaban diariamente las bandas terroristas – al recibir la orden del gobierno - asumieron la ofensiva y salieron a enfrentar a los guerrilleros en una guerra inédita (no había un frente geográficamente delimitado, no había un enemigo que luchara abiertamente, sino que se encontraba mimetizado entre la población civil y siempre arteramente utilizaba la iniciativa y la sorpresa).
Los integrantes de las bandas terroristas, no fueron “jóvenes idealistas” como se los quiere hacer aparecer ahora. Fueron terroristas, que atacaron a la República y a su pueblo y ejecutaron crímenes horrendos. Muchos de sus cuadros, fueron adiestrados en centros y escuelas en Cuba, Centroamérica, Medio Oriente y otros países comunistas.
Excepto en ámbitos urbanos, poseían uniformes y distintivos, grados, bandera, Código de Justicia Militar, Reglamentos de Instrucción, Servicios de Inteligencia, Logística (sanidad, fabrica de armas y explosivos, equipos de comunicaciones y de escucha e interceptación, depósitos de armas y munición, cárceles “del pueblo”, imprentas, finanzas, prensa y propaganda) y relaciones internacionales.
Combatían contra las Fuerzas Policiales y de Seguridad “de igual a igual” y no solo tomaban comisarías y mataban policías, sino que también, atacaban cuarteles y mataban soldados.
Respecto a la capacidad de estas bandas, la Cámara Federal que juzgó y condenó a la Junta Militar durante el año 1985, afirmó en su sentencia:
“...También esta fuera de toda discusión que a partir de 1970 el terrorismo se agudizó en forma gravísima, lo que se manifestó a través de los métodos empleados por los insurgentes, por su cantidad, por su estructura militar, por su capacidad ofensiva, por su poder de fuego y por los recursos económicos con que contaban”.
Lamentablemente, debemos reconocer, que en nuestro amado y desgraciado país, se vivió una guerra. Guerra desde el momento que dos bandos perfectamente identificados, se enfrentaron, ante la presencia de la ciudadanía, la que nada tenía que ver en la contienda, a pesar de que parte de ella, padeció sus consecuencias. Fue una GUERRA, guerra con mayúscula, total, violenta, cruenta, dolorosa, lamentable, triste, desafiante a Dios. Pero GUERRA y no otra cosa.
La misma Cámara Federal mencionada anteriormente, dictaminó:
“En consideración de los múltiples antecedentes acoplados en este proceso y a las características que asumió el terrorismo en la Republica Argentina, cabe concluir que dentro de los criterios de clasificación expuestos, el fenómeno se correspondió con el concepto de “guerra revolucionaria”.
El 20 de junio del año 1975, el Ministro del Interior Doctor Rocamora, daba a requerimiento de la prensa, estadísticas que señalaban que desde el 25 de mayo de 1973 hasta la mencionada fecha, se habían producido 5.079 actos terroristas, de los cuales 385 fueron homicidios.
Dentro de esta grave situación Nacional, a principios del año 1976, el teniente de Fragata Mayol había llegado de pase a la ESMA, para cumplir con una importante función en la formación de los aspirantes navales que anualmente ingresan a la misma. Era casado, tenia dos pequeños hijos (un varón de 2 años y una nena de 7 meses) y su familia vivía en Rosario. Cuando sus actividades se lo permitían (un fin de semana cada 15 o 20 días), iba a visitarlos.
Pero por prestar servicios en un destino de Buenos Aires y por la situación existente, aparte de sus responsabilidades primarias, le ordenaron además, ejecutar Operaciones de Seguridad en la zona asignada a la ESMA, o sea que diariamente repartía su tiempo entre ambas tareas (su jornada comenzaba a las 7 de la mañana y finalizaba aproximadamente a la medianoche).
El 19 de junio por la tarde, se recibió en la Escuela, una información que decía que en un departamento deshabitado ubicado sobre la Avenida Cabildo, habría importante cantidad de armamento y documentación de bandas terroristas. Aproximadamente a 2100 hs. e integrando un elemento de combate, comandado por el entonces Subdirector de la ESMA, Capitán de Navío Menéndez, el Teniente Mayol concurrió sin saberlo, a cumplir lo que sería, su última misión.
El departamento en cuestión estaba ubicado en el 3º piso; el grupo principal – donde se encontraba el Teniente Mayol – se ubicó en el palier y el resto de los efectivos lo hicieron sobre las escaleras (ascendente y descendente) y entrada del edificio.
Inicialmente desde la planta baja se accionó el portero eléctrico, luego el timbre desde el palier y como nadie respondió, se procedió a franquear la puerta del departamento. Cuando ello ocurrió, imprevistamente desde el interior, fue arrojada una granada de mano de fabricación “montonera” El ruido metálico estremecedor al golpear contra el piso, el grito ¡Granada! y la reacción inmediata del grupo ante el sorpresivo ataque.
Todos tomaron cubierta excepto Mayol, que se arrojó sobre la misma, la cual estalló cerca de su pecho, absorbiendo con su cuerpo la casi totalidad de esquirlas que ella produjo. No obstante ello, una esquirla, hirió seriamente al subdirector - que también se encontraba en las proximidades – en uno de sus costados.
El estruendo ensordecedor, el olor a explosivos, el humo, la oscuridad (la explosión rompió todas las luces) reinaron por pocos segundos que “parecieron siglos”.
La reacción del grupo, generó un intenso tiroteo con los terroristas los cuales – por una vía de escape prevista y conocida, y aprovechando la sorpresa y oscuridad de la noche - lograron escapar.
Mayol fue evacuado rápidamente al hospital naval pero lamentablemente su vida se extinguió.
La tarea más penosa de las autoridades de la ESMA, fue informarle a su familia en Rosario, de la dolorosa noticia. Esta arribó al velatorio al día siguiente, en medio de escenas de profundo dolor.
El día domingo 21 de junio y luego de un desfile incesante de autoridades, camaradas y amigos, los restos del Teniente Mayol fueron trasladados a su Rosario natal, donde recibieron cristiana sepultura. Así se apagó la vida de uno de nuestros héroes Navales mas recientes.
El Teniente Mayol basó su vida en el amor a su familia, a su Armada, a su Patria y al servicio.
Cumplió con el juramento que oportunamente prestó como cadete, de DEFENDER A LA PATRIA HASTA PERDER LA VIDA, y además cumplió con uno de los máximos preceptos bíblicos que expresó nuestro señor Jesucristo: “NO HAY AMOR MÁS GRANDE EN LA VIDA QUE DAR LA VIDA POR LOS DEMAS”.
Fue ascendido “post mortem” al grado de Teniente de Navío y la Armada le otorgó la condecoración “MUERTO HEROICAMENTE EN COMBATE”.
EL TENIENTE MAYOL FUE EL PRIMER OFICIAL DE LA ARMADA QUE CAYÓ COMBATIENDO EN LA PRIMERA LÍNEA DE COMBATE DE ESTA TERRIBLE Y DOLOROSA GUERRA, Y SIN EMBARGO HOY – EXCEPTO SU FAMILIA Y ALGUNOS COMPAÑEROS – CASI NADIE LO RECUERDA.
Lamentablemente algunas personas – que vivieron aquella época, que también participaron en la mencionada guerra o que simplemente fueron espectadores - piensan hoy, que omitiendo homenajes a “algunos” muertos o sacando cuadros, placas y monumentos, cambiarán el pasado. CUANDO HAY VICTIMAS RECORDABLES Y VICTIMAS OLVIDABLES, NO HAY ÉTICA EN LA RECORDACIÓN.
Afortunadamente, el nombre del Teniente Mayol como el de tantos otros, figurará para siempre en el bronce de nuestra historia y nadie – a pesar de los esfuerzos – podrá borrarlo jamás.
Un último comentario, cuando el Teniente Mayol estaba siendo velado en la ESMA, se recibió un telegrama desde Rosario que decía: “Feliz día papá”. Como el 20 de junio era el día del padre, la tarde del 19, su esposa Olga, se lo había enviado desde Rosario”.
Lamentablemente, Mayol nunca leyó ese mensaje...
“LA PRIMERA LEY DE LA HISTORIA ES NO ATREVERSE A MENTIR, LA SEGUNDA, NO TEMER DECIR LA VERDAD”. SU SANTIDAD, LEON XIII.
(Homenaje de un amigo que nunca lo olvida).